Destacar entre miles de estímulos.

Cómo destacar en un mundo de estímulos constantes

¿Cuántos estímulos recibimos al día?

Como ya comentamos en nuestro blog “Deja de hacer publicidad de mierda”, recibimos miles de impactos visuales al día. Se estima que uno cada 10 segundos, lo que supone unos 6.000 al día. Sin embargo, solo retenemos un pequeño porcentaje, y aún menos generan un recuerdo real.

No es casualidad que se diga que el 81% de las marcas podrían desaparecer y a los consumidores les daría igual. En un entorno saturado, solo sobreviven las que logran dejar huella.

La publicidad audiovisual trabaja directamente en nuestro subconsciente. Mensajes como “Just do it” o “Red Bull te da alas” no solo son eslóganes: construyen asociaciones mentales que influyen en nuestras decisiones cotidianas.

Al final, no recordamos todos los anuncios. Recordamos aquellos que consiguen grabarse en nuestra memoria.

 

un niño viendo publicidad y recibiendo estímulos

 

¿Cuál es la mejor publicidad audiovisual?

Es una pregunta que todas las agencias se han hecho: ¿qué tipo de publicidad recordamos realmente?

Un estudio de Neuromedia (2019) concluyó que los medios que más recuerdo generaban eran televisión, internet y publicidad exterior, en gran parte en relación con la inversión realizada en ellos.

Pero el panorama ha evolucionado. Hoy ya no importa tanto el medio, sino el contexto. La eficacia publicitaria depende cada vez más de que el mensaje esté alineado con el entorno en el que se muestra.

La publicidad ya no se limita a unos pocos canales. Ahora se integra en múltiples puntos de contacto, y lo decisivo no es dónde apareces, sino cómo y en qué momento conectas con el usuario.

 

La neurociencia lo corrobora

Los estudios demuestran que el contexto publicitario puede aumentar la memorabilidad del anuncio hasta un 40%. Cuando el mensaje encaja con el entorno en el que se muestra, activa con mayor intensidad las áreas del cerebro asociadas al recuerdo. Si además el contexto es específico y bien segmentado, los resultados mejoran todavía más.

Sin embargo, muchas marcas siguen centrando sus esfuerzos en impactar al mayor número de personas posible, sin pensar en la relevancia. El consumidor actual es inteligente y detecta fácilmente cuándo una marca solo quiere vender. La sobreexposición no genera conexión, genera cansancio.

Hoy ya no basta con que la publicidad sea estéticamente bonita. Vivimos rodeados de estímulos visuales atractivos. Lo que realmente marca la diferencia es aportar valor real. Según el estudio Meaningful Brands, las marcas que aportan valor tienen un 24% más de probabilidades de ser compradas y un 39% más de ser recomendadas.

En esta nueva era, las personas no buscan marcas que vendan; buscan marcas que resuelvan y conecten.

 

Destacar entre la competencia es obligatorio

Las modas cambiarán y los medios evolucionarán, pero lo que siempre permanecerá es el deseo de las personas de mejorar su calidad de vida y sentir que adquieren algo más que un simple producto.

Cada cliente es único. Las marcas deben mostrar su propuesta diferencial, aportar valor real y hacer que el consumidor sienta que forma parte de algo más grande.

La estética es importante, pero no suficiente. Romper con lo establecido y apostar por la diferenciación puede aumentar la visibilidad y acercarnos a los objetivos. En publicidad, conectar siempre será más poderoso que encajar.

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